Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Gracias —dijo ella.
Y mientras el capitán Phoebus se atusaba el bigote, recortado al estilo borgoñón, bajó deslizándose hasta los pies del caballo, como una flecha que cae al suelo, y escapó.
Un relámpago no se habrÃa desvanecido tan deprisa.
—¡Por el ombligo del papa! —dijo el capitán mientras mandaba que le apretaran las correas a Quasimodo—. HabrÃa preferido quedarme con la ribalda.
—¡Qué queréis, capitán! —dijo un gendarme—. La alondra ha volado y el murciélago se ha quedado.