Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Gringoire se calló, pendiente del efecto que habÃa producido su perorata en la joven. Esta tenÃa los ojos clavados en el suelo.
—Phoebus —decÃa a media voz—. ¿Qué quiere decir Phoebus? —preguntó, mirando al poeta.
Aunque no entendÃa muy bien la relación que podÃa haber entre su alocución y semejante pregunta, a Gringoire no le molestó dar otra muestra de su erudición.
—Es una palabra latina que significa «sol» —respondió, pavoneándose.
—¡Sol! —dijo ella.
—Es el nombre de un apuesto arquero que era dios —añadió Gringoire.
—¡Dios! —repitió la egipcia. Y habÃa en el tono de su voz un dejo pensativo y apasionado.
En ese momento, una de sus pulseras cayó al suelo. Gringoire se agachó con presteza para recogerla. Cuando se incorporó, la muchacha y la cabra habÃan desaparecido. Oyó el ruido de un cerrojo. Era una pequeña puerta que sin duda comunicaba con un cuarto contiguo y que se cerraba por el otro lado.
—¿Me ha dejado al menos una cama? —se preguntó nuestro filósofo.