Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Es, sin embargo, de esta ciudad de la que Voltaire dijo que «antes de Luis XIV solo poseía cuatro bellos monumentos»: la cúpula de la Sorbona, el Val-de-Grâce, el Louvre moderno y no recuerdo cuál era el cuarto, el Luxemburgo quizá. Afortunadamente, tal afirmación no impidió a Voltaire escribirCándido, así como tampoco le impidió ser, de todos los hombres que se han sucedido en la larga serie de la humanidad, el que ha tenido la risa más diabólica. Lo que demuestra, por lo demás, que se puede ser un genio y no comprender en absoluto un arte que no es el propio. ¿Acaso no creía Molière hacer un gran honor a Rafael y a Miguel Ángel llamándolos «los amanerados de su época»?
Pero volvamos a París y al siglo XV.
No era a la sazón únicamente una bonita ciudad; era una ciudad homogénea, un producto arquitectónico e histórico de la Edad Media, una crónica de piedra. Era una ciudad formada tan solo por dos capas, la románica y la gótica, pues la capa romana había desaparecido hacía mucho, excepto en las Termas de Juliano, donde todavía atravesaba la gruesa costra de la Edad Media. En cuanto a la capa celta, ni siquiera excavando pozos se encontraban ya vestigios.