Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Cincuenta años después, cuando el Renacimiento incorporó a esta unidad tan severa y sin embargo tan variada el lujo deslumbrante de sus fantasías y de sus sistemas, sus derroches de arcos de medio punto romanos, de columnas griegas y de rebajamientos góticos, su escultura delicadísima e ideal, su gusto particular por los arabescos y las hojas de acanto, su paganismo arquitectónico contemporáneo de Lutero, París quizá fuera más bello, aunque menos armonioso a la vista y al pensamiento. Pero ese espléndido momento duró poco. El Renacimiento no fue imparcial; no se contentó con edificar, sino que quiso derribar. Cierto es que necesitaba sitio. Así pues, el París gótico solo estuvo completo un minuto. A duras penas habían terminado Saint-Jacques-de-la-Boucherie cuando ya empezaba la demolición del antiguo Louvre.
Desde entonces, la gran ciudad ha ido deformándose día tras día. El París gótico, bajo el cual desaparecía el París románico, desapareció a su vez. Pero ¿podemos decir qué París lo ha sustituido?