Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Y no solo tenÃa micer Robert d’Estouteville su justicia particular como preboste y vizconde de ParÃs, sino que además participaba, echaba el ojo e hincaba el diente en la gran justicia del rey. No habÃa cabeza un poco alta que no hubiera pasado por sus manos antes de caer en las del verdugo. Fue él quien habÃa ido a buscar a la prisión de Saint-Antoine para llevarlo a Les Halles al señor de Nemours; y para llevarlo a la plaza de Grève, al señor de Saint-Paul, el cual rezongaba y protestaba, para gran contento del señor preboste, que no apreciaba al señor condestable.
Era esto, ciertamente, más de lo necesario para que una vida fuese feliz e ilustre, y para merecer un dÃa una página notable en esta interesante historia de los prebostes de ParÃs, gracias a la cual nos enteramos de que Oudard deVilleneuve tenÃa una casa en la calle Boucheries, de que Guillaume de Hangest compró la grande y la pequeña Saboya, de que Guillaume Thiboust donó a las religiosas de Santa Genoveva sus casas de la calle Clopin, de que Hugues Aubriot residÃa en el hotel del Porc-Épic y otros hechos domésticos.