Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Sin embargo, en el momento en que maese Florian Barbedienne leía a su vez la sentencia para firmarla, el escribano sintió compasión por el pobre diablo condenado y, con la esperanza de obtener cierta disminución en la pena, se acercó todo lo que pudo a la oreja del auditor y le dijo señalándole a Quasimodo:
—Este hombre está sordo.
Esperaba que esa coincidencia en la discapacidad despertaría el interés de maese Florian a favor del condenado. Pero, para empezar, ya hemos observado que maese Florian tenía interés en que nadie advirtiera su sordera. Y además, era tan duro de oído que no oyó una sola palabra de lo que le dijo el escribano; pero, como deseaba dar la impresión de que oía, contestó:
—¡Ah!, entonces la cosa cambia. Yo no sabía eso. En tal caso, una hora más de picota.
Y firmó la sentencia modificada en este sentido.
—Bien hecho —dijo Robin Poussepain, que le tenía ojeriza a Quasimodo—, eso le enseñará a no maltratar a la gente.