Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Mahiette no respondió. Gervaise repitió la pregunta asiéndola del brazo para zarandearla y llamándola por su nombre. Mahiette pareció salir entonces de su ensimismamiento.
—¿Qué ha sido de la Chantefleurie? —dijo, repitiendo maquinalmente las palabras cuya impresión permanecía aún en su oído. Y haciendo un esfuerzo para centrar su atención en el significado de estas palabras, respondió—: Nunca lo hemos sabido.
Después de una breve pausa, añadió:
—Unos dijeron que la habían visto salir de Reims al anochecer por la puerta Fléchembault; otros, que la vieron partir al amanecer por la antigua puerta Basée. Un pobre encontró su cruz de oro colgada en la cruz de piedra del campo donde se celebra la feria. Esa joya es precisamente lo que había sido su perdición en 1461. Era un regalo del apuesto vizconde de Cormontreuil, su primer amante. Paquette no había querido deshacerse nunca de ella, por más que había estado en la miseria. La quería como a la vida. Por eso, cuando vimos aquella cruz abandonada, todas pensamos que estaba muerta. Sin embargo, hay gente del Cabaret-les-Vantes que dijeron haberla visto pasar por el camino de París, andando descalza sobre las piedras. Pero en ese caso tendría que haber salido por la puerta de Vesle, y los datos no concuerdan. O, mejor dicho, yo creo que salió por la puerta de Vesle, en efecto, pero para irse de este mundo.