Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Tu cara es un abortivo más eficaz que cualquier medicina o fármaco!
Y los dos estudiantes, Jehan del Molino y Robin Poussepain, cantaban a voz en cuello el viejo estribillo popular:
¡Un dogal
para el criminal!
¡Leña ardiendo
para el esperpento!
Mil insultos más llovÃan de todas partes, y abucheos, e imprecaciones, y risas, y piedras.
Quasimodo era sordo, pero veÃa perfectamente, y el furor público no estaba pintado menos enérgicamente en los rostros que en las palabras. Además, las pedradas explicaban las carcajadas.
Al principio aguantó sin perder la calma. Pero, poco a poco, aquella paciencia que se habÃa curtido bajo el látigo del torturador cedió y perdió pie ante todas aquellas picaduras de insectos. El toro bravo, que apenas se ha inmutado por los ataques del picador, se irrita con los perros y las banderillas.