Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París El conjunto del cuarto, por lo demás, presentaba un aspecto general de abandono y de deterioro; y el mal estado de los utensilios permitía suponer que su dueño había sido apartado hacía ya bastante tiempo de sus trabajos por otras preocupaciones.
Dicho dueño, sin embargo, inclinado sobre un vasto manuscrito adornado con pinturas extrañas, parecía atormentado por una idea que invadía sin cesar sus meditaciones. Eso es al menos lo que Jehan dedujo al oírlo decir, con las intermitencias pensativas de un soñador que piensa en voz alta: