Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —… Otros pensaron —continuó el arcediano, abstraÃdo— que era mejor operar con un rayo de Sirio. Pero es harto difÃcil obtener ese rayo puro, a causa de la presencia simultánea de las otras estrellas que se mezclan con él. Flamel considera que es más sencillo operar con el fuego terrestre. ¡Flamel! ¡El nombre de un predestinado, Flamma…! SÃ, el fuego. Eso es todo… El diamante está en el carbón, el oro está en el fuego… Pero ¿cómo extraerlo…? Magistri afirma que hay ciertos nombres de mujer con un encanto tan dulce y misterioso que basta pronunciarlos durante la operación… Leamos lo que dice Manu sobre la cuestión: «Allà donde se honra a las mujeres, los dioses se regocijan; allà donde se las desprecia, es inútil rogar a Dios… La boca de una mujer es constantemente pura; es agua corriente, es un rayo de sol… El nombre de una mujer debe ser agradable, dulce, imaginativo; debe acabar en vocales largas y ser semejante a palabras de bendición»… SÃ, el sabio tiene razón. En efecto, MarÃa, SofÃa, Esmeral… ¡Maldición! ¡Otra vez ese pensamiento!
Y cerró el libro con violencia.
Se pasó la mano por la frente, como para apartar la idea que lo obsesionaba. Después cogió de la mesa un clavo y un martillito en cuyo mango, curiosamente, habÃa pintadas letras cabalÃsticas.