Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —La horca es una balanza en uno de cuyos lados hay un hombre y en el otro toda la tierra. Es hermoso ser el hombre.
—La horca conduce al infierno.
—Es una buena fogata.
—Jehan, Jehan, tendréis un mal fin.
—Pero el principio habrá sido bueno.
En ese momento se oyó ruido de pasos en la escalera.
—¡Silencio! —dijo el arcediano, llevándose un dedo a los labios—. Ese es maese Jacques. Jehan —añadió en voz baja—, cuidaos mucho de hablar alguna vez de lo que veáis u oigáis aquÃ. Deprisa, escondeos bajo ese hornillo y no abráis la boca.
El estudiante se acurrucó bajo el hornillo. Una vez allÃ, se le ocurrió una idea fecunda.
—Por cierto, hermano Claude, un florÃn para que no abra la boca.
—¡Silencio! Os lo prometo.
—Tenéis que dármelo.
—¡Toma! —dijo el arcediano, tirándole con ira su escarcela.
Jehan se metió bajo el hornillo y la puerta se abrió.