Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¿Qué hechicera?
—¡Esa gitana que, como bien sabéis, viene todos los dÃas a bailar en la plaza pese a la prohibición del provisor! La acompaña una cabra poseÃda que tiene cuernos de diablo, que lee, que escribe, que sabe matemáticas como Picatrix, y que serÃa suficiente por sà sola para hacer colgar a toda Bohemia. El proceso está listo. Se celebrará muy pronto, ya veréis. ¡Una hermosa criatura, a fe, esa bailarina! ¡Los ojos negros más bonitos del mundo! ¡Dos carbúnculos de Egipto! ¿Cuándo empezamos?
El arcediano estaba increÃblemente pálido.
—Ya os lo diré —balbució con una voz apenas audible. Haciendo un esfuerzo, prosiguió—: Ocupaos de Marc Cenaine.
—Estad tranquilo —dijo sonriendo Charmolue—. Cuando vuelva, haré que lo aten otra vez a la cama de cuero. Pero es un demonio de hombre. Cansa al propio Pierrat Torterue, que tiene las manos más grandes que yo. Como dice el buen Plauto:
Nudus vinctus, centum pondo, es quando pendes per pedes.[101]
»¡El suplicio del torno! Es lo mejor que tenemos. Pasará por él.
Don Claude parecÃa sumido en una sombrÃa distracción. Se volvió hacia Charmolue y dijo: