Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Que se llama…
—Esmeralda —contestó Phoebus alegremente.
Poco a poco habÃa ido recuperando toda su despreocupación.
Al oÃr ese nombre, la garra de la sombra zarandeó con furia el brazo de Phoebus.
—¡Capitán Phoebus de Châteaupers, mientes!
Quien hubiera podido ver en aquel momento el rostro encendido del capitán, el salto que dio hacia atrás, tan violento que se liberó de la tenaza que lo habÃa agarrado, el valiente ademán con que asió la empuñadura de su espada, y ante esa cólera la lúgubre inmovilidad del hombre de la capa, quien hubiera visto eso se habrÃa espantado. TenÃa algo del combate de don Juan y la estatua.
—¡Cristo y Satanás! —gritó el capitán—. ¡Esa palabra raramente va dirigida al oÃdo de un Châteaupers! No te atreverás a repetirla.
—¡Mientes! —dijo la sombra con frialdad.
Al capitán le rechinaron los dientes. Monje errante, fantasmas, supersticiones, todo lo habÃa olvidado en ese momento. Únicamente veÃa a un hombre y un insulto.