Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —Texto derogado —dijo el abogado extraordinario del rey.
—Nego[116] —replicó el abogado defensor.
—¡Votemos! —propuso un consejero—. El crimen es patente y se ha hecho tarde.
Se procedió a la votación sin abandonar la sala. Los jueces se pronunciaron levantando el birrete; tenÃan prisa. Se les veÃa descubrirse uno tras otro en la penumbra, en respuesta a la pregunta lúgubre que les formulaba en voz baja el presidente. La pobre acusada parecÃa mirarlos, pero sus ojos empañados no veÃan.
A continuación el escribano se puso a escribir y le pasó al presidente un largo pergamino.
Entonces la desventurada oyó un revuelo entre la gente, el entrechocar de las picas y una voz glacial que decÃa: