Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París —Sí, a partir de aquel día hubo en mí un hombre al que no conocía. Intenté emplear todos mis remedios: el claustro, el altar, el trabajo, los libros. ¡Vana locura! ¡Cómo suena a hueco la ciencia cuando golpeamos contra ella con desesperación una cabeza llena de pasiones! ¿Sabes lo que desde entonces siempre veía entre el libro y yo? A ti, muchacha, tu sombra, la imagen de la aparición luminosa que un día había atravesado el espacio ante mí. Pero esa imagen ya no tenía el mismo color; era sombría, fúnebre, tenebrosa como el círculo negro que permanece mucho tiempo en la vista del imprudente que ha mirado fijamente el sol.