Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs Entonces vio al capitán fruncir el entrecejo y a una bella muchacha, que se apoyaba en él, mirarlo con un mohÃn desdeñoso y ojos irritados. Después Phoebus pronunció unas palabras que no llegaron hasta ella y ambos desaparecieron precipitadamente tras los cristales del balcón, que se cerró.
—¡Phoebus! —gritó, como loca—, ¿es posible que lo creas?
Una idea monstruosa acababa de asaltarla. Recordó que la habÃan condenado por asesinato cometido en la persona de Phoebus de Châteaupers.
Hasta entonces lo habÃa soportado todo, pero este último golpe era demasiado rudo. Cayó inerte al suelo.
—¡Vamos! —dijo Charmolue—. ¡Subidla a la carreta y acabemos!