Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entre tanto, el día continuaba declinando. El ser vivo que aún existía en él pensó confusamente en la vuelta. Creía que se encontraba lejos de París; pero, cuando se orientó, se dio cuenta de que no había hecho sino rodear el recinto de la Universidad. La flecha de Saint-Sulpice y las tres altas agujas de Saint-Germain-des-Prés se alzaban en el horizonte a su derecha. Se dirigió hacia ese lado. Cuando oyó el quién vive de los soldados del abad alrededor de la circunvalación almenada de Saint-Germain, se desvió, tomó un sendero que se abría ante él entre el molino de la abadía y la leprosería del burgo, y al cabo de unos instantes se encontró en la linde del Pré-aux-Clercs. Este prado era célebre por los tumultos que se organizaban allí día y noche; era la «hidra» de los pobres monjes de Saint-Germain, quod monachis Sancti-Germani pratensis hydra fuit, clericis nova semper dissidiorum capita suscitantibus.[124] El arcediano temió encontrarse con alguien; tenía miedo de todo rostro humano. Acababa de evitar la Universidad y el burgo de Saint-Germain, quería adentrarse en las calles lo más tarde posible. Bordeó el Pré-aux-Clercs, tomó el sendero desierto que lo separaba del Dieu-Neuf, y llegó por fin al borde del agua. Allí, don Claude encontró a un barquero que, por unos pocos dineros parisienses, lo llevó por el Sena hasta la punta de la Cité y lo dejó en esa lengua de tierra abandonada donde el lector ya ha visto soñar a Gringoire y que se prolongaba más allá de los jardines del rey, paralelamente a la isla del Barquero de Vacas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker