Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Envidia de qué, señor arcediano? ¿De su fuerza? ¿De su armadura? ¿De su disciplina? Vale más la filosofía y la independencia con harapos. Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león.

—Es curioso lo que decís —repuso el sacerdote, pensativo—. Un bonito uniforme, hay que reconocerlo, es bonito.

Gringoire, viéndolo tan ensimismado, se alejó para ir a admirar el portal de una casa vecina. No tardó en volver dando palmadas de satisfacción.

—Si estuvierais menos ocupado con las bonitas indumentarias de los guerreros, os rogaría que vinierais a ver aquella puerta. Siempre lo he dicho: la casa del señor Aubry tiene la entrada más soberbia del mundo.

—Pierre Gringoire —dijo el arcediano—, ¿qué ha sido de aquella bailarina egipcia?

—¿Esmeralda? ¡Qué manera más brusca de cambiar de conversación!

—¿No era vuestra mujer?

—Sí, por el método del cántaro roto. Teníamos para cuatro años. Así que —añadió Gringoire mirando al arcediano con un aire un poco burlón— seguís pensando en ella.

—¿Vos ya no?

—Poco…. ¡Tengo tantas cosas en que pensar…! ¡Dios mío, qué bonita era su cabra!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker