Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Viva! ¡Viva! ¡Hoy visto mis primeras armas! ¡Truhán! ¡Vientre de Cristo, soy truhán! ¡Echadme de beber…! Amigos mÃos; me llamo Jehan Frollo del Molino y soy hidalgo. Soy de la opinión de que, si Dios fuera gendarme, se harÃa saqueador. Hermanos, vamos a hacer una bonita expedición. Somos unos valientes. Asaltar la iglesia, derribar las puertas, sacar a la bella joven, salvarla de los jueces, salvarla de los sacerdotes, desmantelar el claustro, quemar al obispo en el obispado, haremos todo eso en menos tiempo del que tarda un burgomaestre en comer una cucharada de sopa. Nuestra causa es justa, saquearemos Notre-Dame y no hay más que hablar. Colgaremos a Quasimodo. ¿Conocéis a Quasimodo, señoritas? ¿Lo habéis visto quedarse sin aliento sobre la campana un domingo de Pentecostés? ¡Cuerno del santo Padre! ¡Es una maravilla! Parece un diablo a lomos de un vampiro… ¡Amigos mÃos, escuchadme! Soy truhán hasta el fondo de mi corazón, tengo alma de argotero, nacà mangante. He sido muy rico y me he comido mis bienes. Mi madre querÃa que fuera oficial, mi padre, subdiácono, mi tÃa, consejero de la Cámara de Investigaciones, mi abuela, protonotario del rey, y mi tÃa abuela, tesorero de túnica corta. Pero yo me he hecho truhán. Se lo he dicho a mi padre, y él me ha escupido su maldición a la cara; a mi madre, que se ha echado a llorar y a babear, la anciana dama, como ese tronco sobre ese morillo. ¡Viva la Pepa! ¡Soy un auténtico loco! ¡Tabernera, amiga mÃa, más vino! TodavÃa tengo con qué pagar. Pero no quiero más vino de Suresnes. Me destroza el gaznate. ¡Cuernos, antes preferirÃa hacer gárgaras con un cesto!