Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Por san Voult-de-Lucques, a quien el pueblo llama san Goguelu, que soy absolutamente feliz! Tengo frente mà a un imbécil que me mira con la cara lampiña de un archiduque. A mi izquierda hay uno con los dientes tan largos que le tapan el mentón. Y además soy como el mariscal de Gié en el sitio de Pontoise, tengo mi diestra apoyada en un montÃculo… ¡Por el vientre de Mahoma, camarada! ¡Pareces un vendedor de pelotas, y vienes a sentarte a mi lado! Yo soy noble, amigo. ¡La mercancÃa es incompatible con la nobleza! ¡Vete de aquÃ…! ¡Y vosotros, no os peguéis! ¿Cómo, Baptiste Croque-Oison, tú que tienes una tan hermosa nariz, vas a exponerla a los grandes puños de ese buitre? ¡Imbécil! Non cuiquam datum est habere nasum…[132] ¡Eres realmente divina, Jacqueline Ronge-Oreille! Es una lástima que no tengas pelo… ¡Hola, hola! Me llamo Jehan Frollo, y mi hermano es arcediano. ¡Que el diablo se lo lleve! Todo lo que os digo es verdad. Haciéndome truhán, he renunciado con gusto a la mitad de una casa situada en el paraÃso que mi hermano me habÃa prometido. Dimidiam domum in paradiso. Cito el texto. Tengo un feudo en la calle Tirechappe, y todas las mujeres están enamoradas de mÃ, tan cierto como cierto es que san Eloy era un excelente orfebre y que los cinco oficios de la ciudad de ParÃs son los curtidores, los curtidores en blanco, los zurradores, los bolseros y los zapateros, y que a san Lorenzo lo quemaron con cáscaras de huevo. Os juro, camaradas,