Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Pobre Esmeralda! —decÃa un gitano—. Es nuestra hermana. Hay que sacarla de ahÃ.
—Entonces, ¿sigue en Notre-Dame? —preguntaba un mercadante con cara de judÃo.
—¡SÃ, pardiós!
—Pues bien, camaradas, ¡a Notre-Dame! —exclamaba el mercadante—. Además, hay en la capilla de los santos Féréol y Ferrution dos estatuas, una de san Juan Bautista y otra de san Antonio, todas de oro, que pesan juntas diecisiete marcos de oro y quince estelines, y las peanas de plata dorada, diecisiete marcos y cinco onzas. Lo sé muy bien. Soy orfebre.
En ese momento le sirvieron la cena a Jehan, el cual, recostándose sobre el pecho de su vecina, exclamó: