Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs A la vez que sucedÃa esto, Jehan gritaba con voz ronca:
—¡Bebo, como, estoy borracho, soy Júpiter…! ¡Eh, Pierre L’Assommeur, si sigues mirándome asÃ, te desempolvaré la nariz a papirotazos!
Por su parte, Gringoire, arrancado de sus meditaciones, se habÃa puesto a contemplar la animada y escandalosa escena que lo rodeaba murmurando entre dientes:
—Luxuriosa res vinum et tumultuosa ebrietas.[133] ¡Ay, qué bien hago en no beber! ¡Y qué acertado está san Benito cuando dice: Vinum apostatare facit etiam sapientes![134]
En ese momento, Clopin volvió a entrar y gritó con una voz atronadora:
—¡Medianoche!
Al oÃr esta palabra, que causó el mismo efecto que el botasillas en un regimiento que ha hecho un alto, todos los truhanes, hombres, mujeres y niños, se precipitaron en masa fuera de la taberna haciendo un gran ruido de armas y metales.
La luna se habÃa escondido.