Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡SÃ! Y vete al diablo, pero cúrame.
Jacques Coictier hizo una profunda inclinación y dijo:
—Sire, un repercusivo es lo que os salvará. Os aplicaremos sobre los riñones el gran defensivo, compuesto de cerato, bolo de Armenia, clara de huevo, aceite y vinagre. Continuaréis tomando la tisana, y respondemos de vuestra majestad.
El resplandor de una candela no atrae solo a un mosquito. Maese Olivier, viendo al rey tan pródigo y creyendo oportuno el momento, se acercó a él.
—Sire…
—¿Qué ocurre ahora? —dijo Luis XI.
—Sire, ¿vuestra majestad sabe que maese Simon Radin ha muerto?
—¿Y bien?
—Es que era consejero del rey en cuestiones de la justicia del tesoro.
—¿Y bien?
—Sire, su puesto está vacante.
Mientras hablaba, el semblante altivo de maese Olivier habÃa cambiado la expresión arrogante por la expresión rastrera. Es el único recambio que tiene el semblante de un cortesano. El rey lo miró directamente a los ojos.