Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs De pronto, la reclusa exclamó, como si la pregunta de la egipcia hubiera tardado todo ese tiempo en llegar a su mente:
—¿Que qué me has hecho, dices…? ¡Ah! ¿Que qué me has hecho, egipcia? Pues bien, escucha…Yo tenÃa un hijo, ¿sabes? TenÃa un hijo. ¡Un hijo, te digo…! ¡Una preciosa niña…! Mi Agnès —prosiguió, extraviada, mientras besaba algo en las tinieblas—. ¡Pues bien, hija de Egipto, me quitaron a mi hija, me robaron a mi hija, se comieron a mi hija! Eso es lo que me has hecho.
La joven contestó como el cordero al lobo:
—¡Tal vez yo aún no habÃa nacido!