Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Creo que la comadre se pone nerviosa!

La desventurada presintió que todo dependía de su aplomo y, con el corazón en un puño, se echó a reír. Las madres poseen esa fortaleza.

—¡Bah! —dijo—. Ese hombre está borracho. Hace más de un año que la trasera de una carreta cargada de piedras chocó contra la lucera y rompió los barrotes. ¡Cómo maldije al carretero!

—Es verdad —dijo otro arquero—, yo estaba allí.

En todas partes hay gente que lo ha visto todo. Aquel testimonio inesperado del arquero animó a la reclusa, a quien el interrogatorio hacía atravesar un abismo por el filo de un cuchillo.

Pero estaba condenada a una alternancia continua de esperanza y de alarma.

—Si una carreta hubiera hecho eso —repuso el primer soldado—, los trozos de los barrotes deberían estar doblados hacia dentro y no hacia fuera, como en realidad están.

—Tienes olfato de instructor del Châtelet —le dijo Tristan al soldado—. ¡Eh, vieja, responded a lo que dice!

—¡Dios mío! —exclamó la reclusa sintiéndose acorralada, con voz, muy a su pesar, llorosa—. Os juro, monseñor, que fue una carreta lo que rompió los barrotes. Habéis oído decir a ese hombre que lo vio. Además, ¿qué tiene que ver eso con la egipcia que buscáis?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker