Nuestra Señora de ParÃs
Nuestra Señora de ParÃs —¡Sordo! —exclamó el calcetero con su sonora risa flamenca—. ¡Voto a Dios! Es un papa perfecto.
—¡Eh! Yo lo conozco —dijo Jehan, que habÃa bajado por fin del capitel para ver a Quasimodo más de cerca—. Es el campanero de mi hermano el arcediano. ¡Buenos dÃas, Quasimodo!
—¡Demonio de hombre! —dijo Robin Poussepain, todavÃa maltrecho por la caÃda—. Aparece, y es jorobado. Se pone a andar, y es patizambo. Te mira, y es tuerto. Le hablas, y es sordo. ¡Demontre!, ¿y qué hace con la lengua este Polifemo?
—Habla cuando quiere —dijo la vieja—. Se quedó sordo de tocar las campanas, pero no es mudo.
—Eso es lo que le falta —observó Jehan.
—Y lo que le sobra es un ojo —añadió Robin Poussepain.
—No —dijo juiciosamente Jehan—. Un tuerto es mucho más incompleto que un ciego. Sabe lo que le falta.