El hombre mediocre
El hombre mediocre Si tuvieran igual razón de ser los imitadores y los originales, como arguye el pensador español, su justificación estarÃa hecha. Ser mediocre no es una culpa; siéndolo, su conducta es legÃtima. ¿Aciertan los que sacan a su vida el mayor jugo y procuran pasar lo mejor posible sus cortos dÃas sobre la tierra, sin consagrar una hora a su propio perfeccionamiento moral, sin preocuparse de sus prójimos ni de las generaciones posteriores? ¿Es pecado obrar de ese modo? ¿Pecan, tal vez, los que piensan en sà y viven para los demás: los abnegados y los altruistas, los que sacrifican sus goces y fuerzas en beneficio ajeno, renunciando a sus comodidades y aun a su vida, como suele ocurrir? Por indefectible que sea pensar en el mañana y dedicarle cierta parte de nuestros esfuerzos, es imposible dejar de vivir en el presente, pensando en él, siquiera en parte. Antes que las generaciones venideras están las actuales; otrora fueron futuras y para ellas trabajaron las pasadas.