El hombre mediocre
El hombre mediocre La impasibilidad de Ingenieros, como algunas de sus otras formas excesivas, puede considerarse, pues, artificial. Muchas otras veces le he visto obedecer a impulsos apasionados, desde bajar de un árbol a un anarquista que perturbaba una manifestación socialista en la plaza San Martín, hasta sacrificar su tiempo y sus ocupaciones en favor de un desgraciado, hasta renunciar a una brillante situación y retirarse a su tienda protestando de una injusticia, de la que se vengó cruelmente, como cualquier impulsivo. Y acaba de demostrar su no impasividad el hecho contrario de que más tarde suprimiera del libro vengador todas las recriminaciones personales que lo convertían en de instrumento intelectual en arma de combate.