El hombre mediocre
El hombre mediocre Lo más probable es que Ingenieros, hombre de su época, comprendiera desde muy temprano que para poder hablar eficazmente hay que empezar por hacerse oÃr, por despertar la atención con los medios de que puede echarse una mano, y —lo que vale más— que lo animara ese espÃritu al propio tiempo escéptico y benévolo que define tan bien el «Homo sum» de Terencio. «Comprenderlo todo hace muy indulgente» decÃa Mme. de Stäel. Y él lo comprendÃa todo y era indulgente a su manera, Aunque le gustara reÃrse de las ridiculeces ajenas, y esgrimiera con frecuencia el dicho epigramático y caricaturesco, no daba a aquellas mayor importancia, pues a su modo de ver nadie escapa totalmente del ridÃculo. Y una tarde que estábamos sentados en una terraza de la Avenida —yo llevaba a la sazón barba «entera», salvo dos limpiones naturales a los lados de la mosca—, al verme reÃr de un poeta muy malo pero muy melenudo que pasaba, exclamó:
—¡Pshé! Cada uno tiene su melena. La tuya es tu barba.
Quizás influyó esto en que a poco me afeitara como todo buen cristiano. pero sus ocurrencias no eran siempre, sin embargo, tan benignas, y si bien manifestaba entusiasta admiración por algunos de nuestros contemporáneos era despiadado con muchos, especialmente entre los simuladores y entre los usurpadores de reputaciones y puestos inmerecidos…