El hombre mediocre
El hombre mediocre Comencé a ver a José Ingenieros cuando, todavÃa estudiante, se entrenaba en los centros intelectuales, frecuentando al propio tiempo los cientÃficos, los polÃticos y los literarios, con una vehemencia que substituÃa a la asiduidad. Se le encontraba poco, pero daba la impresión de estar siempre cerca o presenta, hasta el extremo de que se preguntaba «¿a qué horas estudia este muchacho?» En realidad lo mejor de sus dÃas y de sus noches era acaparado por la observación y el estudio, y sólo daba las horas de asueto a los otros ejercicios, pero con el mismo despliegue de vitalidad de los colegiales que salen al patio de recreo.
