El hombre mediocre
El hombre mediocre En sus más indulgentes comentaristas, ese pretendido equilibrio se establece entre cualidades poco dignas de admiración, cuya resultante provoca más lástima que envidia. Alguna vez recibió Lombroso un telegrama decididamente norteamericano. Era, en efecto, de un gran diario, y solicitaba una extensa respuesta telegráfica a la pregunta presentada con la sugerente recomendación de un cheque: «¿Cuál es el hombre normal?» La respuesta desconcertó, sin duda, a los lectores.
Lejos de alabar sus virtudes, trazaba un cuadro de caracteres negativos y estériles: «Buen apetito, trabajador, ordenado, egoÃsta, aferrado a sus costumbres, misoneÃsta, paciente, respetuoso de toda autoridad, animal doméstico». O, en más breves palabras, (ruges consumere natus, que dijo el poeta latino.