El hombre mediocre
El hombre mediocre Con ligeras variantes, esa definición evoca la del Filisteo: «Producto de la costumbre, desprovisto de fantasía, ornado por todas las virtudes de la mediocridad, llevando una vida honesta gracias a la moderación de sus exigencias, perezoso en sus concepciones intelectuales, sobrellevando con paciencia conmovedora todo el fardo de prejuicios que heredó de sus antepasados». En estas líneas refléjanse las invectivas, ya clásicas, de Heine contra la mentalidad que él creía corriente entre sus compatriotas. Por su parte, Schopenhauer, en sus Aforismos, definió el perfecto filisteo como un ser que se deja engañar por las apariencias y toma en serio todos los dogmatismos sociales: constantemente ocupado de someterse a las farsas mundanas.
A esas definiciones del hombre medio pueden aproximarse otras de carácter intelectual o estético, no exentas de interés, aunque unilaterales. Para algunos, la mediocridad consistiría en la ineptitud para ejercitar las más altas cualidades del ingenio; para otros, sería la inclinación a pensar a ras de tierra. Mediocre correspondería a Burgués, por contraposición a Artista. Flaubert lo definió como «un hombre que piensa bajamente». Juzgado con ese criterio, le parece detestable.