Fundación
Fundación —La religión —dijo Hardin, con una media sonrisa.
Hubo un silencio pesado. Nadie entendía lo que Hardin quería decir, hasta que explicó el plan.
—La Fundación no solo guarda el conocimiento —continuó—. Podemos ofrecerlo como una bendición divina, envolver nuestra tecnología en un manto de fe. Haremos que los planetas vecinos dependan de nosotros, no por miedo, sino por creencia.
El plan era audaz, casi insano. Pero era también la única opción. La Fundación comenzó a difundir el conocimiento tecnológico disfrazado de milagros religiosos. Los sacerdotes, entrenados por la Fundación, llevaban dispositivos avanzados a los planetas vecinos y los presentaban como dones divinos. Los monarcas, ignorantes de la verdadera ciencia detrás de los aparatos, aceptaban la ayuda con reverencia.
El resultado fue sorprendente. En lugar de invadir, los planetas se convirtieron en aliados, dependientes de la Fundación para mantener sus sistemas funcionando. Lo que Hardin había predicho se cumplió: el poder no residía en la fuerza bruta, sino en el control de la creencia y la dependencia.
—El miedo es un arma poderosa —le dijo Hardin a un joven asesor una noche—, pero la fe es inquebrantable.