Fundación
Fundación Mientras tanto, la flota imperial parecÃa dudar. Cada dÃa que pasaba sin un ataque era una pequeña victoria para Términus. Pero Hardin sabÃa que esta calma era solo una fachada. Todo se decidirÃa en un solo movimiento.
Una noche, mientras las luces de la sala de mando parpadeaban, un mensaje inesperado llegó desde las naves imperiales. Lord Dorwin habÃa aceptado negociar. Pero habÃa una condición: Hardin debÃa presentarse en la nave insignia para hablar en persona.
—Es una trampa —advirtió uno de sus asesores.
Hardin, sin embargo, sonrió.
—Tal vez. Pero a veces, hay que arriesgarse para ganar.
Cuando Hardin abordó la nave imperial, la tensión alcanzó su punto máximo. Los lÃderes de la Fundación esperaban noticias con el aliento contenido, sabiendo que el destino de Términus, y quizás de toda la galaxia, dependÃa de lo que ocurriera en esa sala.
En el interior de la nave, Hardin se enfrentó a Lord Dorwin cara a cara.
—Usted no está aquà para destruirnos —dijo Hardin, con una firmeza que desarmó al comandante—. Está aquà porque sabe que, sin nosotros, su imperio ya no tiene futuro.