Fundación
Fundación Hardin y Pirenne dejaron su discusión y siguieron al oficial hacia el centro de mando. En las pantallas brillaba una imagen inquietante: una flota desconocida se acercaba a Términus. No era del Imperio, ni de los planetas vecinos. Era algo diferente.
—¿Qué demonios es eso? —murmuró uno de los técnicos, mientras ajustaba los sensores para obtener más detalles.
Hardin se inclinó hacia la pantalla, su mandíbula tensa.
—Piratas —dijo finalmente—. Mercenarios que vieron una oportunidad y vinieron a reclamar lo que creen que es suyo.
Pirenne, que había permanecido en silencio, finalmente habló.
—Esto es culpa tuya, Hardin. Si no hubieras debilitado nuestra posición con tu política de diplomacia, nunca habrían pensado que éramos un blanco fácil.
Pero Hardin no respondió. Su mente ya estaba trabajando, buscando una manera de enfrentar esta nueva amenaza. Sabía que no podían ganar una batalla directa contra los piratas, pero tampoco podían permitir que se llevaran los recursos y el conocimiento de la Fundación.
Esa noche, Hardin reunió a su consejo en secreto.