Viaje alucinante
Viaje alucinante Duval y Cora se colocan los trajes. La compuerta se abre y emergen al torrente como buzos en el espacio. El entorno es rojo, húmedo, y palpitante. No hay arriba ni abajo. Solo sangre y tensión.
Dentro del cuerpo, el coágulo no es solo una masa. Es una amenaza latente, un monstruo microscópico aferrado a las paredes de un vaso. Duval dirige el láser mientras Cora lo guÃa con el mapa digital. Grant permanece en la nave, observando, pero alerta.
De pronto, la nave tiembla.
—¡Nos atacan! —grita Owens—. ¡Macrófagos acercándose!
La defensa inmunológica, activada por su presencia, detecta a los dos buzos como invasores. No hay más opciones. Deben terminar la operación antes de ser devorados.
Duval dispara. La luz atraviesa el coágulo como una espada. El tejido comienza a disolverse. Pero uno de los propulsores del traje de Duval se daña. Queda atrapado, girando sin control.
—¡Lo perderemos! —clama Cora, nadando hacia él.
Grant, sin pensar, sale del Proteus. No es médico, no es piloto, pero no puede permitir que uno de ellos muera asÃ. Lo arrastra de vuelta con esfuerzo sobrehumano, justo cuando los glóbulos blancos están a punto de atraparlos.