MarÃa
MarÃa —Veamos el remedio que usted ha encontrado para el mal, porque ya voy creyendo que es cosa grave.
—Pues ory verá: su mamá le propuso el otro dÃa a mi mujer que le mandara a Salomé por una semanas para que la muchacha aprendiera a coser en fino, que es todo lo que Candelaria desea. Entonces no se pudo… Yo no lo conocÃa a usté como agora.
—¡Compadre!
—Por la verdá murió Cristo. Ya el caso es diferente: quiero que su mamá me tenga allá unos meses a la muchacha, que por ahà no ha de ir a buscarla ese enemigo malo: Salomé se ajuiciará y será lo mismo que decirle al que quiera alborotármela que se vaya a la punta de un cuerno. ¿Le parece?
—Por supuesto. Hoy mismo le hablaré a mi madre; y ella y las muchachas se pondrán muy contentas. Yo le prometo que todo se allanará.