MarÃa
MarÃa —Yo vine, mi amo… yo iba… pero no me haga nada sumercé… yo no vuelvo a tener miedo.
—¿Qué has hecho? ¿qué es? —le interrump×. ¿Te han enviado de casa?
—SÃ, mi amo, sÃ, la niña; y como me dijo sumercé que volviera…
No me acordaba de la orden que le habÃa dado.
—¿Conque no volviste de miedo? —le preguntó Braulio riendo—.
—Eso fue, sÃ, eso fue… Pero como Mayo pasó por aquà asustao, y luego ñor Lucas me encontró pasando el rÃo y me dijo que el tigre habÃa matao a ñor Braulio…
Este dio rienda suelta a una estrepitosa risotada, diciéndole al fin al negrito aterrado:
—¡Y te estuviste todo el dÃa metido entre estos matorrales como un conejo!
—Como ñor José me gritó que volviera pronto, porque no debÃa andar solo por allá arriba… —respondió Juan Angel viéndose las uñas de las manos.
—¡Vaya! yo te mezquino18 —repuso Braulio; pero es con la condición de que en otra cacerÃa has de ir pie con pie conmigo.
El negrito lo miró con ojos desconfiados, antes de resolverse a aceptar asà el perdón.
—¿Convienes? —le pregunté distraÃdo.
—SÃ, mi amo.