Mi nombre es Emilia del Valle
Mi nombre es Emilia del Valle Pero no es solo la guerra externa lo que empieza a devorarla. El conflicto también la atraviesa por dentro. El paÃs que la recibió con su apellido y su historia oculta ahora se le revela como una contradicción viva. Chile la atrae y la repele. En sus paisajes hay algo familiar, como si el eco de su sangre respondiera al viento. Y sin embargo, también siente que no pertenece. Ni aquÃ, ni allá.
—¿Qué somos cuando ya no nos queda patria? —le pregunta a Eric una noche sin estrellas. —Contadores de historias —responde él—. Nada más. Nada menos.
La relación entre ellos se intensifica, pero también se envenena con silencios. Eric es libre, pero herido. Emilia es fuerte, pero frágil en su centro. Se aman sin promesas, como dos trenes que saben que algún dÃa se estrellarán.
En paralelo, Emilia aprovecha su estadÃa para seguir escarbando en la historia de los Del Valle. La familia la rehúye. Le ofrecen dinero, silencio, incluso una invitación ambigua a formar parte del clan. Ella rechaza todo.
—No quiero ser una Del Valle de apellido. Quiero serlo de historia. Quiero entender qué clase de hombres fabrican guerras y abandonan hijos.