De la pobreza al éxito
De la pobreza al éxito La meditación centrada en la realidad divina es el núcleo y la esencia de la oración. Constituye la búsqueda silenciosa que hace el alma de lo Eterno. Una mera oración peticionaria, sin meditación, es como un cuerpo sin alma, y carece de capacidad para elevar la mente y el corazón por encima del pecado y la aflicción. Si rezas todos los días para encontrar la sabiduría, la paz, una pureza más elevada y una plena comprensión de la Verdad, y todo por lo que rezas se encuentra aún lejos, tu proceder sólo significa que estás orando por algo mientras vives de otra manera en pensamiento y acción. Si no abandonas esa actitud y sacas de tu mente aquello a lo que ésta se aferra con egoísmo, no llegarás a obtener las incorruptibles realidades por las que rezas. Si ya no pides a Dios que te conceda lo inmerecido o que te otorgue ese amor y esa compasión que tú rehúsas dar a los demás, y empiezas a pensar y a actuar en el espíritu de la Verdad, día a día irás convirtiéndote en esas realidades, hasta que llegues a ser una de ellas.