El Alumno
El Alumno —TodavÃa no he visto ninguna cosa que te dé miedo. ¡Te hago justicia al decirlo!
Se lo soltó de sopetón —era totalmente cierto— y a Morgan le produjo un evidente placer.
—He pensado mucho en ello —insistió Morgan.
—Pues no lo pienses más.
El niño pareció conformarse, y reanudaron una agradable, e incluso divertida clase. TenÃan la teorÃa de que las lecciones eran muy concienzudas y, sin embargo, siempre parecÃan encontrar la parte divertida del asunto. No obstante, la mañana tuvo un final violento cuando Morgan, apoyando de repente los brazos en la mesa, hundió su cabeza en ellos y estalló en lágrimas. Pemberton se sobresaltó mucho, según consideró más tarde, porque era la primera vez que veÃa llorar al niño y la impresión que le causó fue absolutamente brutal.
Al dÃa siguiente, después de pensarlo mucho, tomó una decisión y, creyendo que era justa, puso manos a la obra inmediatamente. Arrinconó al señor y a la señora Moreen de nuevo y les hizo saber que si no le pagaban todo lo que le debÃan en aquel mismo momento, no sólo se marcharÃa de su casa sino que le dirÃa a Morgan el motivo exacto que le habÃa llevado a hacerlo.
—¿De modo que no se lo ha dicho? —exclamó la señora Moreen poniendo una mano pacificadora sobre su bien vestido regazo.