El Alumno
El Alumno —Por supuesto, cuanto más tiempo me retenga tanto más tendremos para nuestra vejez.
—¡Pero, suponga que no le pagan! —sugirió Morgan con malicia.
—¡Oh, es imposible que exista otra…! —Pemberton se interrumpió cuando estaba a punto de emplear un término injurioso. En lugar de ello dijo—: …otra situación como ésta.
Morgan se sonrojó, y las lágrimas afluyeron a sus ojos.
—Diga mejor otra panda de granujas como ésta. —A continuación, cambiando de tono, añadió—: ¡Afortunado joven rico!
—Si es tonto, no.
—Oh, los tontos son aún más felices. Pero no se puede tener todo, ¿verdad? —se lamentó Morgan sonriendo.
Pemberton le puso las manos en los hombros. Nunca lo habÃa querido tanto.
—¿Qué será de ti? ¿Qué vas a hacer? —pensó en la señora Moreen, que necesitaba desesperadamente sesenta francos.
—Me haré un hombre hecho y derecho —y después, como si reconociera todos los matices que encerraba la alusión de Pemberton, añadió:
—Me llevaré mejor con ellos cuando usted ya no esté aquÃ.