El Alumno
El Alumno —Sáqueme de aquÃ…, sáqueme de aquà —le suplicó Morgan, sonriendo, a Pemberton, con el rostro tremendamente pálido.
—¿Dónde te voy a llevar y cómo? Oh, ¿cómo, mi querido muchacho? —balbuceó el tutor con voz entrecortada, pensando en la descortesÃa que para sus amigos de Londres representarÃa el hecho de que Pemberton los hubiera abandonado por propia conveniencia y sin haberse comprometido a regresar inmediatamente. Pensaba también en el justo resentimiento que a aquellas alturas ya les habrÃa inducido a contratar a su sucesor, y en lo poco que le iba a ayudar a encontrar otro empleo el grave hecho de que no habÃa logrado que su alumno aprobara.
—Oh, ya lo arreglaremos. Antes usted solÃa hablar de eso —continuó Morgan—. Con tal de que nos podamos ir, lo demás son sólo detalles.
—Hable de ello cuanto guste, pero no sueñe ni con intentarlo. El señor Moreen nunca lo consentirÃa…, el pobre llevarÃa una vida tan precaria —le dijo fantasiosamente a Pemberton su anfitriona. A continuación le explicó a Morgan sus razones: