El Americano
El Americano Me temo que mi conducta en Venecia, hace una semana, le pareció extraña y desagradecida, y quisiera explicarle mi postura, que, como dije en su momento, creo que usted no aprecia. Llevaba mucho tiempo pensando en proponerle que nos separásemos, y en realidad este paso no fue tan abrupto como pareció. En primer lugar, sabe usted, estoy recorriendo Europa financiado por mi feligresÃa, que amablemente me ofreció unas vacaciones y la oportunidad de enriquecer mi espÃritu con los tesoros de la naturaleza y el arte del Viejo Mundo. Me siento, por tanto, como si tuviese que sacar el máximo provecho de mi tiempo. Tengo un elevado sentido de la responsabilidad. A usted parece que sólo le preocupa el placer del momento, y se vuelca en él con un ardor que, debo confesar, no soy capaz de emular. Siento que debo llegar a una conclusión y cristalizar mis opiniones sobre ciertos puntos. El Arte y la Vida se me antojan cosas profundamente serias, y durante nuestros viajes por Europa deberÃamos recordar en especial la inmensa seriedad del Arte. Usted parece considerar que si una cosa le divierte en el momento, no necesita pedirle más; y su tendencia al mero esparcimiento también es muy superior a la mÃa. Además, incorpora usted a su placer una especie de confianza temeraria que a veces, lo confieso, me ha parecido —¿debo decirlo?— casi cÃnica. Su rumbo, en cualquier caso, no es el mÃo, y serÃa una imprudencia que siguiésemos intentando ir al alimón. No obstante, permÃtame añadir que sé que cabe decir muchas cosas a favor de su rumbo; he sentido inmensamente, en compañÃa de usted, su atractivo. Pero, justo por eso, deberÃa haberle abandonado hace mucho. Sin embargo, ¡estaba tan confuso! Espero no haber obrado mal. Me siento como si tuviese que recuperar mucho tiempo perdido. Le ruego se tome todo esto como se lo digo, que, bien lo sabe el cielo, no es de mala fe. Le profeso una gran estima personal, y espero que algún dÃa, cuando haya recuperado mi equilibrio, volvamos a encontrarnos. Espero que siga usted disfrutando de sus viajes; tan sólo recuerde que la Vida y el Arte son dos cosas extremadamente serias. Considéreme usted su amigo más sincero y bienqueriente,