El Americano
El Americano Durante su estancia en Baden-Baden recibió una carta de la señora Tristram, en la que le reñía por las parcas noticias que había comunicado a sus amigos de la Avenue d’Iéna y le rogaba que confirmase que no había tramado ningún horrible plan para invernar en regiones remotas sino que iba a regresar con cordura y prontitud a la ciudad más cómoda del mundo. La respuesta de Newman rezaba así: