El Americano
El Americano —¿Es lista?
—Es la mujer más inteligente que conozco. Póngala a prueba algún dÃa con algo difÃcil y ya verá.
—¿Le gusta ser admirada?
—Parbleu! —exclamó Bellegarde—; ¿a qué mujer no?
—Ah, cuando le tienen demasiado apego a la admiración cometen todo tipo de insensateces para obtenerla.
—¡Yo no he dicho que le tuviese demasiado apego! —exclamó Bellegarde—. Dios me libre de decir algo tan estúpido. ¡No es demasiado nada! Si fuese a decir que es fea, no me referirÃa a que es demasiado fea. Le gusta complacer, y si complace a alguien se siente agradecida. Si no, lo deja pasar y no piensa mal ni del otro ni de sà misma. No obstante, supongo que espera complacer a los santos del cielo, porque estoy seguro de que es incapaz de intentar agradar por ningún medio que ellos reprobasen.
—¿Es seria o alegre? —preguntó Newman.
—Ambas cosas; no de manera alternativa, ya que siempre está igual. Hay seriedad en su alegrÃa, y alegrÃa en su seriedad. Pero no hay ninguna razón para que esté especialmente alegre.
—¿Es infeliz?