El Americano
El Americano —Conversación… ¡eso es! —murmuró mademoiselle Noémie, que habÃa entendido la palabra—. La conversación de la sociedad más distinguida.
—Nuestra conversación francesa es famosa, sabe usted —se atrevió a añadir monsieur Nioche—. Es un gran talento.
—¿Pero no es enormemente difÃcil? —preguntó simple y llanamente Newman.
—¡No para un hombre de esprit como monsieur, un admirador de la belleza en todas sus formas! —y monsieur Nioche dirigió una expresiva mirada a la Madonna de su hija.
—¡No puedo imaginarme parloteando francés! —dijo Newman entre risas—. Y, por otro lado, supongo que cuanto más sepa un hombre, mejor.
—Monsieur lo ha expresado muy felizmente. Hélas, oui!
—Supongo que para mis andanzas por ParÃs me serÃa de gran ayuda conocer el idioma.
—¡Ah, hay tantas cosas que monsieur querrá decir… cosas difÃciles!
—Todo lo que quiero decir es difÃcil. Pero ¿usted imparte lecciones?
El pobre monsieur Nioche se quedó turbado; esbozó una sonrisa aún más suplicante.