El Americano
El Americano No sé si, al renunciar a la misteriosa oportunidad a la que aludió, Bellegarde pensó que estaba haciendo algo muy generoso. De ser asÃ, no tuvo recompensa; su generosidad pasó desapercibida. Newman no supo reconocer el poder del joven francés para herir sus sentimientos, y no tenÃa ninguna sensación de estar escapándose o zafándose con facilidad. No le dio las gracias a su amigo, ni siquiera con una mirada.
—Aun asÃ, tengo los ojos bien abiertos —dijo—, porque prácticamente me ha venido usted a decir que su familia y sus amigos me tratarán con desdén. Nunca he pensado mucho en las razones que justifican que la gente sea desdeñosa, y por tanto sólo puedo llegar a una conclusión improvisada. Analizándolo de este modo, no consigo ver nada en ello. Sencillamente pienso, si quiere saberlo, que valgo tanto como el que más. Respecto a quiénes sean los mejores, no pretendo decirlo. Tampoco lo he pensado mucho. A decir verdad, siempre he tenido una opinión bastante buena de mà mismo; un hombre de éxito no lo puede evitar. Pero admito que he sido presuntuoso. A lo que no respondo «sû es a que yo no esté en lo alto, tan en lo alto como cualquiera. Es un hilo especulativo que yo no habrÃa elegido, pero debe recordar que fue usted quien lo inició. Jamás habrÃa pensado que estuviese a la defensiva ni que tuviese que justificarme; pero si es asà como lo quiere su gente, haré todo lo que esté en mis manos.