El Americano
El Americano —¿No se fijó en si le salÃa del bolsillo la boca de una pistola?
—¿Adónde quiere llegar? —preguntó Newman—. Me pareció que estaba bastante contento, para ser él.
Valentin soltó una risotada.
—¡Me encanta oÃr eso! He ganado la apuesta. Mademoiselle Noémie ha dado el disparo de salida, como decimos aquÃ. Ha abandonado el domicilio paterno. ¡Está lanzada! Y monsieur Nioche está muy contento… ¡para ser él! A este paso, no blanda usted el hacha de guerra; no la he visto ni me he puesto en contacto con ella desde aquel dÃa en el Louvre. Andrómeda ha encontrado a otro Perseo que no soy yo. Mi información es exacta; en estas cuestiones, siempre lo es. Supongo que ahora presentará usted una protesta.
—¡Al diablo mi protesta! —murmuró Newman, disgustado.
Pero su tono no tuvo eco en aquél con que Valentin, apoyada la mano en la puerta para regresar al apartamento de su madre, exclamó:
—¡Pero ahora la veré! Es tan sorprendente… ¡tan sorprendente!