El Americano
El Americano —¡Dios mÃo! —exclamó Newman, dividido entre el deleite y la compasión—. Su fête me importa un rábano; estoy dispuesto a pensar que basta con la intención.
—No, no —dijo Valentin, con un leve toque inconsecuente de orgullo familiar—. Ahora la cosa se va a celebrar, y además magnÃficamente.